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Una de las principales conclusiones del análisis de la tipicidad y sus distintas formas es que lo injusto de los delitos está formado por el desvalor de la conducta y el desvalor del resultado —a salvo de aquellos casos en que este último no concurre por razones estructurales—. También en la antijuridicidad nuestro estudio ha tenido por objeto ambos tipos de desvalor: la concurrencia de causas de justificación supone la compensación del desvalor del hecho, que por ello no puede ser considerado ilícito.

Todo ha girado por tanto en torno a la determinación de la magnitud de lo injusto. Su trascendencia viene dada porque es uno de los elementos fundamentales que, junto con el grado de culpabilidad y las posibles exigencias político criminales de cada caso, nos permitirá concretar la naturaleza y medida de la pena.

El análisis de los distintos elementos del delito estudiados hasta aquí no es por tanto un simple ejercicio teórico, sino que tiene un significado práctico decisivo: nos permite establecer cuál es la gravedad de los desvalores de la conducta y del resultado de un concreto delito, constituyéndose así en la base sobre la que determinar la naturaleza y magnitud de la respuesta penal a la conducta. Resulta pues fundamental atender a los distintos elementos que conforman el desvalor de la conducta y el desvalor del resultado.

Como estudiábamos en las lecciones 10, 11 y 12, la constitución del desvalor de la conducta depende de la naturaleza dolosa o imprudente de la infracción penal. En el caso de los delitos dolosos pertenecerán a la misma:

  1. El dolo.
  2. El resto de elementos subjetivos de lo injusto en el caso de que concurran.
  3. La infracción de los deberes específicos que atañen al autor en los delitos especiales.
  4. El modo, la forma y el grado de realización de la conducta.
  5. La peligrosidad de la misma en los delitos de acción.
  6. La idoneidad de la conducta omitida para evitar el resultado en los delitos de omisión. En los delitos imprudentes estará determinado por la inobservancia del cuidado objetivamente debido.

Por lo que respecta al desvalor del resultado, está constituido por la lesión o el peligro del bien jurídico protegido.

Es pues el análisis de todos estos caracteres el que nos permitirá establecer la gravedad de lo injusto como primer escalón en el proceso de determinación de las consecuencias penales de una conducta. Lo injusto es una magnitud graduable: podrá ser más o menos grave según las circunstancias concurrentes.

El análisis que hemos desarrollado hasta el momento ha aportado gran parte de los datos necesarios para llevar a cabo la valoración de lo injusto de una determinada conducta pero, junto a ellos, la ley incluye expresamente aún una serie de circunstancias que permiten modular la gravedad del desvalor de las conductas y resultados analizados; se habla así de circunstancias agravantes y atenuantes de lo injusto.

La antijuridicidad no queda por tanto limitada a una función meramente negativa, de descarte, no se agota con la comprobación de la ausencia de causas de justificación. En caso de que se constate que la conducta no se encuentra amparada por ninguna de ellas, el análisis debe seguir con la determinación de la concreta gravedad del hecho antijurídico, esto es, de lo injusto, para lo cual será preciso analizar la concurrencia de circunstancias agravantes y atenuantes que lo afecten. Este es el objeto de la presente lección.