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Europa, comunidad de culturas, ha dejado huellas de su voluntad de unificación a lo largo de su historia, de forma especial en el siglo XX, y de su resuelta decisión para llevarla a cabo.

La integración europea no ha sido, pues, una idea original o espontánea propia del siglo XX , sino una constante utopía en el pensamiento europeo. Una explicación a esta idea constante de unificación reside en la existencia de una comunidad de culturas: el continente ha compartido los más importantes movimientos artísticos y literarios, un pensamiento político homogéneo, unas raíces jurídicas comunes, una tradición humanista y creencias religiosas comunes. Y muchas guerras fratricidas. Todo ello explica que se haya ido formando un caldo de cultivo propicio para que fuera prendiendo la idea de unión y que ésta encontrara su momento y su lugar después de la más cruel de las guerras (la Segunda Guerra Mundial, 1939-1945) y cuando Europa se quebraba en dos mitades (la Europa Occidental o libre y la Europa Oriental o comunista).