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Tradicionalmente la letra de cambio ha sido utilizada como modelo paradigmático en la explicación de la estructura y funcionamiento de los títulos a la orden y, más ampliamente, de los títulos cambiarios en tanto que títulos-valores. En la actualidad su uso, sin embargo, ha quedado relegado a un segundo plano, dada la hegemonía en el tráfico del uso del pagaré como instrumento de giro, lo que ha justificado que hayamos adoptado este título como base en la explicación. Ambos títulos, pese a su distinta estructura y función económica, tienen una regulación común de buena parte de sus normas de funcionamiento.

Pese a ello, no hemos de obviar que la letra de cambio sigue siendo el modelo que toma la Ley Cambiaria como punto de partida -no en vano, el nombre de la ley pone de manifiesto este dominio-, mientras que la regulación del pagaré se realiza por remisión (art. 96) a las normas sustantivas que se construyen tomando como base a la letra. Se podría criticar que este esquema no responde ya a la realidad práctica del tráfico, o considerar que quizá hubiera sido más adecuado articular la norma empleando una parte específica para cada uno de los títulos (letra de cambio y pagaré -y, en cierta medida cheque, si bien es una figura con más singularidades-), y disciplinando paralelamente de forma más aséptica o neutral las vicisitudes comunes de su funcionamiento (endoso, aval, acciones y excepciones cambiarias...).

Además, la estructura y funcionamiento de la letra de cambio se muestra más compleja que la del pagaré. Mientras éste conforma una promesa de pago por la que el firmante se compromete a entregar una cantidad de dinero a su vencimiento, la letra de cambio adopta la forma de una orden o mandato.

La letra de cambio es un título-valor, formal y completo, a través del cual una persona -llamada librador- ordena a otra -llamada librado- a que realice un pago a favor de un tercero designado en el documento -que se denomina tomador-, en el lugar y momento señalados. De este modo, se abandona la estructura bilateral del pagaré, por la que -en principio y salvo endosos y avales- se liga sólo a dos sujetos; para pasar a una estructura triangular, en la que los sujetos mínimos (al menos formalmente) de la relación serán tres: librador, librado y tomador.

De aquí se derivan los caracteres de la letra de cambio:

a) Es un título de crédito o de pago y, más concretamente, un título por el que se ordena el pago de una suma de dinero, en euros o cualquier otra moneda. Como en el pagaré, no se puede utilizar para reflejar mandatos de entrega de mercaderías. Además, dado que el pago se realiza mediante la transmisión de un derecho que el librador tiene a cobrar del librado en un momento futuro, la letra de cambio cumple una función de ser un título de crédito o de circulación de los créditos.

b) La letra de cambio materializa una orden o mandato de pago . A través de ella, el librador ordena al librado a que cumpla un pago a favor de la persona que designe en el título. Ello comporta la existencia de dos sujetos -remitente y destinatario de la letra (letra = litera = carta)- el librador y el librado. No obstante, esta orden se da para que se satisfaga el crédito documentado en la letra a favor de un tercero que toma a su cargo la letra -y por lo cual se denomina tomador-, de modo tal que -a diferencia del pagaré- el número natural de protagonistas de la letra se amplía hasta tres (y que podrá aumentarse aún más con la incorporación de sucesivos endosos o avales). Realmente hablamos de tres para referirnos a las posiciones cambiarias en la letra de cambio, independientemente de que una 47misma persona ocupe más de una (librador y tomador en las letras «a la propia orden» o incluso cabe pensar en la emisión de una cambial «a la propia orden» y «al propio cargo», en la que una misma persona ocupe las tres posiciones de la letra). Dada la autonomía del crédito incorporado, sólo se extinguiría por confusión en el momento del vencimiento.

c) Normalmente entre el libramiento de la letra y el momento en que se puede ejecutar la orden de pago ha de mediar un lapso de tiempo . Por ello, se dice que la letra sirve como instrumento para hacer circular el crédito (a diferencia del cheque que, pese a incorporar también una orden de pago, nace vencido, siendo exigible desde su emisión). Pese a poder ser libradas con el vencimiento «a la vista» -lo cual podría convertir a la letra en directamente exigible-, lo normal es que medie un plazo entre libramiento y vencimiento, el cual, al igual que en el pagaré, podrá ser fijado a fecha fija, a un plazo contado desde la fecha, a la vista o a un plazo contado desde la vista.

d) Se trata de un título formal que, además -y a diferencia del pagaré- deberá ser compilado dentro de un formato oficial.

Evolución histórica y situación actual

Tradicionalmente, la doctrina mercantilista ha asumido de forma incuestionada que el origen de la letra de cambio ha se encuentra en la Baja Edad Meda, difundiéndose en las ciudades italianas como un documento asociado al contrato de cambio trayecticio entre los comerciantes que trabajaban entre diversas plazas. Sin embargo, estudios historiográficos apuntan a que el instrumento pudiera tener un origen musulmán (probablemente en la época del Califato, siglos VII-VIII). Igualmente, los judíos estaban familiarizados con la letra de cambio -la suftaya- y el cheque -sakn-, que eran de uso corriente entre los árabes. Se ha documentado también que la letra de cambio era ya comúnmente utilizada en China bajo la dinastía Song (siglo X-XIII). Posteriormente, fue un instrumento difundido en la red de ferias europea en los siglos XII y XIII. De este modo, pasó a utilizarse como instrumento de pago entre personas situadas en distintas localidades, desarrollando posteriormente su función de título de crédito a partir de la introducción de la cláusula del endoso.

El desarrollo de la regulación de la letra de cambio en España, recibió una profunda influencia francesa y adquirió una posición dominante en la normativa de las Ordenanzas de Bilbao y de ambos Códigos de Comercio. Ello implicó un cierto estímulo al desarrollo de la letra de cambio sobre el pagaré como instrumento de crédito, el cual, además, presentaba la desventaja comparativa de que en él no quedaba el título completamente desvinculado de la relación causal y que el título sólo llevaba aparejada ejecución cuando respondía a relaciones comerciales.

La Ley Cambiaria hace que el panorama cambie a partir de 1985. Esta norma, fiel reflejo de la Ley Uniforme de Ginebra de 1931, ofrece el tratamiento adecuado al pagaré, lo cual junto a su estructura más simple que la de la letra, ha propiciado que su uso se haya impuesto en las últimas décadas y empiece a tener un mayor reconocimiento normativo.

Función económica

La letra de cambio cumple la función principal de permitir el desplazamiento de un crédito que el librador tiene contra el librado sin necesidad de recurrir a las estructuras más rígidas propias de la cesión ordinaria. Así, a diferencia del pagaré, el librador -que emite la letra- incorpora al título un derecho de crédito que éste tiene previamente contra el librado; en cambio, en la estructura del pagaré, el firmante, en lugar de efectuar el pago de la deuda que tiene con el beneficiario (relación causal), le extiende el título en el que se articula un aplazamiento de la realización del pago debido, con la característica de que el pago se incorpora al documento como una promesa pura e incondicional de pago que puede ser transferida a otros sujetos que se relacionen con el beneficiario.

Así, la primera gran función económica que cumple la letra de cambio es la de servir de instrumento de crédito en las relaciones comerciales entre empresarios. Es el caso del comerciante que adquiere de un proveedor unas mercancías solicitándole un aplazamiento para su pago. Hasta este punto, la relación entre ambos podría regirse sobre la base de la relación jurídica subyacente (relación causal, relación de valuta ), por tanto, según las normas del negocio causal -salvo que el acreedor quisiera beneficiarse de las ventajas jurídicas aparejadas a los títulos cambiarios (ser título ejecutivo, fácil transmisibilidad... ) y decida instrumentar ese pago aplazado a través de una letra o un pagaré-. Dado el aplazamiento que implica la relación causal, puede resultar que durante el lapso que media entre la contracción de la deuda y el momento de su vencimiento, interese al acreedor hacer circular ese crédito, esto es, utilizar los fondos que obtendrá futuramente con la liquidación del título y que actualmente se encuentran congelados en el crédito aplazado. Para ello librará una letra de cambio, sobre la base de la cual comunique a su deudor la orden pura y simple de pagar el importe debido sobre la base de la relación causal (o parte de él) a otra persona designada en el documento -el tomador-. Del mismo modo, siendo emitido naturalmente como instrumento a la orden, este tomador podrá utilizar el derecho de crédito recibido de su deudor (que, a la vez es el librador de la letra), endosándolo a otros sujetos (sucesivos tenedores) en pago de sus créditos.

Igualmente, la letra de cambio cumple una cierta función de garantía del pago del crédito que en ella se instrumenta. Cada uno de los sujetos que firma la letra (librador, librado aceptante, endosantes, avalistas) se compromete con su suscripción a responder del buen fin de la letra. De este modo, si llegado su vencimiento el librado no satisface su importe, se podrá proceder en vía de regreso requiriendo el pago a los sucesivos tenedores del documento.

Del mismo modo, la letra de cambio presenta las mismas ventajas sobre la cesión ordinaria de créditos que ya consideramos respecto del pagaré. Es por ello por lo que su empleo se reputa en ciertos casos mucho más beneficioso que dejar el pago de la deuda al funcionamiento de la relación subyacente.

Elementos subjetivos: librador, librado, tomador, endosatario, avalista

Además de las menciones que ya hemos considerado sobre los sujetos que integran la relación cambiaria contenida en la letra de cambio, compete hacer algunas precisiones sobre la posición que adopta cada uno de ellos.

a) El librador es la persona que emite la letra de cambio y que, necesariamente, responde del pago de ésta. Aparece como acreedor en la relación subyacente, ostentando un derecho de crédito contra el que será librado en la letra de cambio. Su posición jurídica en el documento es la de mandante, es decir, ordena al librado a que realice un pago a un tercero -tomador-, con una cuantía y en el momento y lugar determinados en el título. No obstante, hasta este punto es sólo él quien emite una declaración, es decir, la emisión de la letra de cambio puede tener lugar sin que lo sepa (sin que lo acepte todavía) el librado, que podrá asumir o no la obligación del pago. De hecho, el art. 1 LCCh no considera como contenido necesario de la letra de cambio la firma del librado, a diferencia de la del librador que sí es obligatoria (art. 1.8 LCCh).

Es lógico este funcionamiento. Si el documento es completado por el librador y no precisa obligatoriamente la firma del librado, resulta evidente que éste no quede -aún- obligado al pago: cualquier persona podría rellenar una letra de cambio por la que ordene a otro (conocido o desconocido) que pague a un tercero; si el mandatario no acepta hacer frente a tal pago, no quedará obligado. En cambio, el librador, en tanto que emitente de la letra de cambio y que la hace circular para pagar a un acreedor suyo, sí asume tal pago -y firma la letra-, por tanto, deberá responder de la satisfacción de ésta, sea frente al tomador, sea frente a cualquiera de los ulteriores poseedores de la letra. El librador, por sí o por representante, garantiza el pago de la letra, siendo nula cualquier 49cláusula exoneratoria que se inserte en el título. Puede, sin embargo, declinar la responsabilidad por la aceptación; es decir, por la declaración del librado, previa al pago, comprometiéndose a efectuarlo (art. 11 LCCh).

b) El librado aparece como deudor de la letra y como persona que, en principio, debiera responder de su pago. Se debe subrayar, por tanto, que esta obligación de pago no la asume realmente hasta la aceptación, que se realizará firmando la letra de cambio girada a su nombre. La aceptación de la letra puede realizarse en el momento de su libramiento o bien, en un momento posterior y siempre antes de la fecha de su vencimiento (presentación a la aceptación) -art. 25 LCCh-.

c) El tomador es la persona a favor de la cual, en principio, el librado deberá atender a la orden de pago del librador. Se trata, por tanto, del legitimado a exigir del librado el pago de la letra. La mención de esta persona es obligatoria (art. 1.6 LCCh), es decir, la letra deberá contener «el nombre de la persona a quien se ha de hacer el pago o a cuya orden se ha de efectuar». No obstante, como los requisitos exigidos en el art. 1 LCCh sólo han de reunirse en el momento del vencimiento de la letra (admitiéndose así la circulación de la letra en blanco, art. 12 LCCh), será relativamente frecuente que el librador emita la letra contra su librado y no rellene la persona del tomador hasta un momento posterior.

Por ello, también es posible que la persona que se designe como legitimado al cobro sea el propio librador. Esto sucederá cuando librado y librador acuerden emitir una o varias letras de pago para articular el aplazamiento de la deuda que media entre ambos -siendo, normalmente, aceptada por el librado en dicho momento-, y que posteriormente el acreedor (librador) no se vea en la necesidad de hacer circular el título (no tenga obligaciones con sus acreedores, o no le interese aplazar la satisfacción de éstas), por lo que esperará a su vencimiento para exigir el cobro él mismo. Esto es lo que se denomina letra girada «a la propia orden». Se trata de una figura que, si adquiere estas notas desde su propia emisión, se encuentra bastante cercana al pagaré (aunque siga siendo un mandato de pago y no una promesa): así, por ella el librador ordena al librado que le pague a él mismo una determinada cantidad de dinero a un vencimiento determinado -frente al pagaré, por el cual el firmante se compromete a pagar una determinada cantidad de dinero a un vencimiento al beneficiario-.

El tomador es pues el beneficiario del mandato de pago, que devendrá acreedor del crédito si continúa siendo tomador y poseedor al vencimiento. El tomador puede además disponer de la letra mediante su transmisión a tercero.

d) El endosante/endosatario. La letra de cambio es un título ontológicamente destinado a la circulación de créditos. Es por ello por lo que el tomador de la letra puede transmitir ésta a otros sujetos, que pasarán a estar legitimados para el ejercicio del derecho de crédito que incorpora.

Resultan de aplicación a este respecto todas las precisiones que hicimos en la lección anterior sobre el endoso del pagaré, a las cuales nos remitimos.

e) El avalista. Al igual que en el pagaré, sujetos externos a la relación cambiaria pueden intervenir en ésta garantizando el pago de cualquiera de los sujetos que firman el documento y frente a aquellos a los que ha de responder. A diferencia de lo que ocurre en el pagaré, si se inserta un aval en la letra de cambio sin indicación expresa de la persona a la que avala, se entenderá que avala al librado aceptante y, a falta de éste, al librador (art. 36.IV LCCh). El resto del régimen del aval es similar al del pagaré.

Elementos formales: mandato de pago, modelo oficial, timbre

La letra de cambio es un título formal, que ha de reunir las menciones exigidas por la normativa para merecer la consideración de tal. Así, el art. 1 LCCh establece las menciones que son imperativamente necesarias para considerar el título como letra de cambio, de modo que «el documento que carezca de alguno de los requisitos que se indican en el artículo precedente no se considera letra de cambio» (art. 2 LCCh), siempre y cuando no se trate de las circunstancias subsanables a las que se refiere seguidamente y que analizaremos con los requisitos. Estos requisitos del título son:

1 . La denominación de letra de cambio inserta en el texto mismo del título, expresada en el idioma empleado para su redacción. Supone una confesión de su naturaleza en la línea de advertir sobre alcance y rigor de las relaciones obligatorias vinculadas al título. Al deber compilarse la letra de cambio sobre un modelo oficial, esta indicación ya se encuentra contenida en el formato, por lo que su falta es prácticamente imposible.

2 . El mandato puro y simple de pagar una suma determinada en euros o moneda extranjera convertible admitida a cotización oficial. El modelo oficial, siguiendo una pauta consuetudinaria arraigada, invita a mencionarla por dos veces, una en expresión numérica y otra en letra. Resulta de aplicación aquí también el contenido del art. 7 en caso de discrepancias.

3 . El nombre de la persona que ha de pagar, denominada librado. Es necesario designar al destinatario de la orden de pago, que podrá ser persona física o jurídica. En el caso de indicar la letra el pago a varios sujetos, se considera que están llamados solidariamente (art. 3 LCCh). La letra se podrá girar también a la propia orden [art. 4.b) LCCh].

4 . La indicación del vencimiento. El vencimiento podrá indicarse, igual que en el pagaré, a fecha fija, a un plazo contado desde la fecha, a la vista, a un plazo contado desde la vista (art. 38 LCCh). En el caso de que no se mencione expresamente en el formato, la letra se entenderá pagadera a la vista [art. 2.a) LCCh].

5 . El lugar en que se ha de efectuar el pago. Normalmente, se estipulará que la letra de cambio será pagable en un establecimiento financiero en el que el librado tiene cuenta con fondos disponibles, esto es, se librará la letra con domiciliación bancaria (domiciliación perfecta). En estos casos, al llegar el vencimiento, la letra de cambio se presentará al cobro a esa entidad. También se podrá fijar como lugar de pago el domicilio de cualquier otro tercero, en cuyo caso se deberá reclamar a éste el pago, salvo que se exprese que pagará el propio librado (art. 5 LCCh). En el caso de que no haya indicación sobre el lugar del pago, se entenderá el del domicilio del librado, que figure junto a su nombre [art. 2.b) LCCh].

6 . El nombre de la persona a quien se ha de hacer el pago o a cuya orden se ha de efectuar, esto es, la designación del tomador. Del mismo modo, se indicará si éste tiene la facultad de ceder la letra, lo cual se presume salvo prohibición expresa (cláusula «no a la orden»). La designación del tomador es requisito imprescindible de la letra de cambio (STS de 30 de diciembre de 2010).

7 . La fecha y el lugar en que la letra se libra. La fecha sirve para precisar en ciertos tipos de vencimiento cuándo tiene lugar éste; por su parte, la relevancia del lugar de emisión se considerará para determinar el ordenamiento jurídico al que se somete la emisión (art. 99 LCCh) y la capacidad del firmante (art. 98). La letra de cambio que no indique el lugar de su emisión se considerará librada en el lugar designado junto al nombre del librador [art. 2.c)].

8 . La firma del que emite la letra, denominado librador. Éste podrá firmar por sí o por representante (necesariamente por representante el librador persona jurídica), según los arts. 9 y 10 LCCh.

Para su validez, la letra de cambio ha de ser completada dentro del modelo oficial en papel timbrado, que consagra un formato uniforme y da entrada a estos requisitos. Tal modelo en papel timbrado incorpora, además, el pago del impuesto, que será proporcional a la cuantía y vencimiento fijados en la letra (a mayor cuantía del documento, mayor será la cuota tributaria). Estas formalidades son imprescindibles para que el documento que la ostente tenga la consideración legal de letra de cambio y los efectos consiguientes unidos a ésta.

En la actualidad, la emisión de letras de cambio y sus efectos se encuentran regulados en el texto refundido de la Ley del Impuesto sobre Transmisiones Patrimoniales y Actos Jurídicos Documentados, aprobado por el Real Decreto Legislativo 17/1993, de 24 de septiembre. Del art. 37.1 de la norma se desprende la necesidad de extender la letra en el efecto timbrado de la clase que corresponda a su cuantía. Dichos efectos siguen el modelo aprobado a través de la Orden de 30 de junio de 1999, siendo confeccionados por la Fábrica nacional de Moneda y Timbre. La falta de timbre en el documento, con el consiguiente pago del impuesto, implicará que el título carezca de eficacia ejecutiva, perdiendo los caracteres propios de los documentos cambiarios y sirviendo exclusivamente como instrumento de prueba para reflejar un crédito y sus respectivas cesiones (STS de 10 de julio de 2009).

Similitudes y diferencias con el pagaré

Aunque en la actualidad el pagaré se ha impuesto en el tráfico comercial, la letra de cambio comparte con él buena parte de su régimen jurídico -o, quizá, debiera hacerse la afirmación en modo inverso, pues el régimen que disciplina sustantivamente la Ley Cambiaria es el de la letra, resultando de aplicación también al pagaré por remisión-. Algunas reglas de su funcionamiento son estrictamente idénticas (endosos, avales, juicio cambiario...), derivando sus principales diferencias de tratamiento jurídico de la diferente estructura de ambos títulos, al ser la letra una orden de pago y el pagaré una promesa.

La premisa de la aceptación de la letra por el librado para que éste asuma obligación cambiaria es la principal diferencia existente entre la letra y el pagaré, que analizaremos en profundidad en el epígrafe siguiente. Así, tal providencia no aparece en el pagaré, puesto que éste implica una promesa de pago de la misma persona que lo emite, pago que asume por el mero hecho de su emisión: dado que la firma del firmante -valga la redundancia- es requisito esencial del pagaré, éste ha asumido por esa misma firma el deber de pago (promesa de pago). En cambio, en la letra, el sujeto que emite el documento es distinto del que ha de pagar, librado, por lo que éste deberá aceptar expresamente la obligación.

Las demás diferencias tienen menor relevancia y se derivan directamente de esta divergencia orden de pago/promesa de pago. Consideraremos algunas de las más relevantes:

1 . Con el endoso de la letra de cambio, el endosante garantiza la aceptación y el pago, salvo cláusula en contrario (art. 18 LCCh), en cambio, en el pagaré, los endosantes sólo pueden adquirir el compromiso por el pago, al no existir la aceptación.

2 . En el caso de que no se indique en el aval el sujeto al que se avala, en la letra de cambio se considerará que el aval se realiza al librado aceptante y, en defecto de éste, al librador (art. 36.IV LCCh). En el pagaré, el defecto era a favor del firmante siempre (art. 96 LCCh).

3 . En la letra de cambio, el vencimiento a un plazo desde la vista se determinará desde la fecha de aceptación o, en defecto de ésta, por la del protesto o declaración equivalente (art. 40 LCCh). Por su parte, en el pagaré librado con vencimiento a un plazo desde la vista, tal trámite se cumple insertando en el documento la indicación «visto» o equivalente (art. 97.II LCCh).

4 . La letra de cambio puede ser girada contra dos o más librados, sometiéndose al régimen del art. 44 LCCh.

5 . Cesión de la provisión. El art. 69 LCCh regula el supuesto de cesión de la provisión, consistente en que a través de ella el librador cede al tomador de la letra también los derechos que corresponderían a éste respecto del librado sobre la base de la relación causal que une a ambos. Esta cesión de la provisión se rige por las normas de la cesión ordinaria de créditos y legitima al cesionario a ejercitar las acciones causales que tendría el cedente, quien se verá sometido, consecuentemente, a las excepciones que el librado podía interponer frente al librador sobre la base de la relación causal.

6 . Se admite la posibilidad de librar letras de cambio en pluralidad de ejemplares, según el régimen de los arts. 79 a 81 LCCh.

Concepto y función de la aceptación. Actitudes del librado requerido para aceptar. Consecuencias de la falta de aceptación

La institución central que diferencia el régimen de la letra del propio del pagaré es la aceptación derivada de la propia estructura de la letra en tanto que orden de pago. De este modo, la única mención imprescindible en la letra de cambio es su emisión, o sea, el libramiento por parte del librador. La aceptación se puede definir como la manifestación pura y simple que realiza el librado comprometiéndose a cumplir el mandato de pago que recibe del librador y que figura en el documento.

Aunque la aceptación puede indicarse en cualquier momento anterior al vencimiento del título, en ocasiones resulta conveniente que sea aceptada la letra antes de hacerla circular. En estos casos, el propio librador exige del librado que declare su compromiso de pagarla. Con ello robustece las probabilidades de cobro de la letra, ya que el tomador sabrá que cuenta con la vinculación expresa del llamado a pagarla y no sólo con la responsabilidad del librador. Pero esta aceptación también resulta interesante para el librador como emitente de la letra e inicial titular del crédito que incorpora, en tanto que vincula a su deudor por una vía más rigurosa que la nacida de la relación causal, dadas las ventajas que presenta el título cambiario con respecto a las acciones para exigir el cumplimiento de la relación subyacente (título ejecutivo, transmisibilidad más sencilla...).

La LCCh regula la aceptación en los arts. 25 a 34, que se insertan en el capítulo III. Se trata de una regulación que, sin embargo, presume que la letra llega a poder del tomador sin haber sido aceptada, siendo el tomador -o los sucesivos tenedores del documento- el que interesa la aceptación de la letra por el librado antes de su vencimiento.

La aceptación, como declaración cambiaria, debe hacerse constar en la misma letra o en un suplemento (art. 29 LCCh), si bien, lo normal será su aceptación en el formato de la letra, que reserva específicamente un espacio para la firma del librado. En caso de duplicados, puede ponerse en cualquiera de los ejemplares, pero sólo en uno (art. 81 LCCh), pues de lo contrario podría significar la asunción de más de un compromiso de pago. Por ello mismo, en las copias tampoco se indicará la aceptación.

Para que sea válida, se ha de indicar al menos la fórmula «acepto» o expresión equivalente, a la que se deberá acompañar la firma autógrafa del librado o su apoderado. Se presume que se ha aceptado la letra simplemente con la consignación de la firma del librador en el anverso del título (art. 19 LCCh).

La fecha no es imprescindible, salvo que por ella se deba determinar el vencimiento (letras a un plazo desde la vista) o que en cláusula especial se haya previsto la presentación dentro de un determinado 53plazo. En tales casos, será preciso el protesto para acreditar la fecha en el caso de que el aceptante no la haga constar o no acepte la letra.

La aceptación no puede quedar condicionada, es decir, ha de ser una declaración pura e incondicionada de asumir el pago de la letra (art. 30 LCCh), pudiéndose, no obstante, aceptar el pago de parte de la letra. Los demás términos fijados por el librador no pueden ser modificados ni condicionados, ya que en el caso de alterarse, se considerará que no ha habido aceptación, aunque el aceptante queda vinculado en los términos en que se obligue.

En el caso de entrar la letra en circulación sin haber sido aceptada por el librado, se considera la facultad del tomador y de los sucesivos tenedores de presentar la letra a la aceptación (art. 25 LCCh).

Ello salvo que el librador -o, a veces, los endosantes-, hayan establecido un plazo para la presentación (art. 26 LCCh), que deberá observarse pues, de lo contrario, se extinguirá su responsabilidad por el buen fin de la letra. Esta facultad de presentación a la aceptación, en cambio, deviene obligación en las letras con vencimiento a un plazo desde la vista, para, a partir de ella, determinar el vencimiento. La presentación ha de hacerse a la persona del librado en el lugar de su domicilio.

El librado requerido de aceptación, que en ningún caso podrá pedir la entrega del título, podrá adoptar alguna de las siguientes posiciones:

a) Aceptar, pura y simplemente, la letra por todo su importe, en cuyo caso se produce el capital efecto previsto en el art. 33 LCCh: «por la aceptación el librado se obliga a pagar la letra de cambio a su vencimiento».

b) Aceptar parcialmente, lo que significa que sólo se compromete al pago de una cantidad inferior a la consignada en el título. Por el resto del importe, el portador tendrá que actuar contra los demás responsables de la falta de aceptación.

c) Solicitar un período de reflexión de 24 horas para decidirse, en función de la confirmación de la situación de su relación causal con el librador (art. 28 LCCh).

d) Negar la aceptación, haciéndolo constar en la letra y dando, -o no-, razón de su negativa. De este modo se acreditará que la letra fue presentada a la aceptación, no siendo necesario el protesto para demostrarlo.

e) Negar la aceptación sin hacerlo constar en el documento. Este caso exigirá algún medio para acreditar que el tenedor presentó la letra a aceptación.

f) El art. 34 LCCh considera la posibilidad de arrepentimiento del aceptante, al estimar que cuando el librado tuviere en su poder la letra para su aceptación, la aceptare y antes de devolverla la tachare o cancelare la aceptación, se considerará que la letra no ha sido aceptada; presumiéndose que la cancelación se ha hecho por el propio librado antes de la devolución del título.

Sólo a través de la aceptación el librado asume el compromiso de pagar la deuda cambiaria, sumándose al círculo de los obligados cambiarios como deudor directo y principal (art. 33 LCCh). En el caso de negarse a la aceptación, por el contrario, no quedará obligado por la letra, aunque se le pudiera exigir responsabilidad extracambiaria en el caso de que haya faltado a algún deber que tuviera sobre la base de sus relaciones con el librador.

Revela también la negativa a aceptar una predisposición evidente a no hacer frente al pago de la deuda a su vencimiento, la cual es considerada por el art. 50 LCCh como suficiente para que el tenedor pueda exigir el pago anticipado de la letra a los responsables en vía de regreso (librador, endosantes y los avalistas de ambos). Para ello se debe acreditar mediante protesto notarial haber intentado inútilmente la aceptación (art. 51), no siendo necesario el protesto -salvo que el librador lo haya exigido expresamente- la declaración del librado en la que niega la aceptación o realiza simplemente una aceptación parcial.

Este esquema es modificado si existen indicados de quienes recabar la aceptación y la presten o que se presente alguien espontáneamente a aceptar y el tenedor lo admita. En estos casos de intervención en la aceptación , el tenedor es libre de admitir o no la intervención ofrecida, pero si la admite, ya no puede exigir el reembolso de la letra hasta el vencimiento (arts. 70 a 73 LCCh).