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Creación. Menciones obligatorias

El libramiento conforma la declaración cambiaria a través de la cual se crea el título, es decir, se emite el pagaré. En la emisión del pagaré intervienen los dos sujetos necesarios de la relación: por un lado, el firmante que se obliga cambiariamente a realizar el pago; y de otro, el beneficiario, que recibe el título.

En virtud del libramiento, el firmante manifiesta su compromiso directo e incondicional de pagar una determinada cantidad de dinero en el momento de vencimiento del título. A ello se refiere el art. 97 LCCh al indicar que «el firmante de un pagaré queda obligado de igual manera que el aceptante de una letra de cambio», es decir, es el obligado principal y directo. Por su parte, el tomador o beneficiario sólo asumirá obligación cambiaria en el caso de que transmita el documento, mediante su endoso o descuento, o bien, cuando avale el pago del mismo.

Con el libramiento del pagaré surge la obligación cambiaria del firmante de hacer frente al pago del importe documentado en el momento en que éste venza, sin requerirse -a diferencia de lo que ocurre en la letra de cambio- la aceptación. La firma del emisor del pagaré es requisito para el nacimiento de éste, de modo que hasta que la misma no se produce no ha nacido en puridad el título de crédito.

El pagaré conforma un título perfecto por lo que atañe a su literalidad, ya que de la dicción del documento se tiene conocimiento exacto del contenido y las condiciones de la deuda que incorpora. A diferencia de lo que ocurre con la letra de cambio, su emisión no tiene que estar versada sobre un formato oficial, por lo que se deberá admitir su libramiento en cualquier forma siempre que reúna los requisitos básicos especificados en el art. 94 LCCh, de modo tal que el título que carezca de alguno de estos requisitos no se considerará pagaré (art. 95 LCCh):

1. La denominación de pagaré inserta en el texto mismo del título y expresada en el idioma empleado para la redacción de dicho título. Como exigencia formal mínima derivada del requisito de literalidad del título se exige que en el documento aparezca la mención expresa de «pagaré», indicadora de la promesa directa e incondicional a hacer frente al pago que asume el firmante. La incorporación del término «pagaré» puede plantear, sin embargo, dudas sobre el uso que se debe hacer de tal palabra.

Así, el término «pagaré» puede ser empleado como sustantivo o como verbo, por lo que podrían plantearse problemas de interpretación. En la práctica se encuentra más extendido su uso como sustantivo, de modo que podría resultar dudosa la validez de un título en el que se use el vocablo como verbo, en lugar de como sustantivo (por ej., «Por el presente documento pagaré a...»). En cualquier caso, entendemos que se ha de reputar cumplido este requisito siempre que del uso del término se desprenda el compromiso incondicionado del firmante de hacer frente a la deuda que asume.

2. La promesa pura y simple de pagar una cantidad determinada en euros o moneda extranjera convertible admitida a cotización oficial. A través de esta indicación se consagra el pagaré como una promesa de pago, a diferencia de la letra y el cheque que conforman órdenes de pago. Actualmente, en virtud de la abstracción que ha recibido el pagaré en la LCCh a diferencia del derogado régimen del CCom, no conforma ya el pagaré un reconocimiento de deuda, si bien ésta existirá normalmente para que el firmante se avenga a prometer el pago (aunque se trate de una deuda de carácter moral con un tercer sujeto, característica de los pagarés de favor). Con esta desconexión de la promesa de pago del reconocimiento de la deuda se consigue la abstracción del documento, que se vuelve autónomo con respecto a las relaciones causales que motivan su emisión.

Por otro lado, el contenido de la promesa ha de ser necesariamente la satisfacción de una deuda de carácter pecuniario, expresada en euros (aunque la LCCh siga haciendo referencia a la peseta) o en moneda extranjera admitida a cotización. El pagaré se construye así como un título de pago. En caso de discrepancias resultará de aplicación el art. 7 LCCh, en virtud del cual cuando en un pagaré figure escrito su importe en letra y en números y éstos no sean coincidentes, será válida la cantidad escrita en letra. Por otro lado, si el importe estuviera escrito varias veces por suma diferente, ya sea en letra, ya sea en números, prevalecerá la cantidad inferior (estas previsiones, quizá resultan más apropiadas por lo que respecta a la letra de cambio, cuyo modelo oficial, siguiendo una pauta arraigada, invita a mencionar la cuantía de su importe en dos ocasiones, una en expresión numérica y otra en literaria).

3. La indicación del vencimiento. Se trata ésta de una indicación no del todo obligatoria, puesto que el pagaré cuyo vencimiento no esté indicado se considerará pagadero a la vista (art. 95.a LCCh), no implicando dicha omisión que el documento pierda el carácter de pagaré. Los modos en que puede ser indicada la fecha de vencimiento aparecen regulados en los arts. 38 a 42 (a lo que hay que añadir la precisión que hace el art. 97.II por lo que respecta al vencimiento a un plazo desde la vista). Las clases de vencimiento serán estudiadas más adelante en esta lección.

4. El lugar en que el pago haya de efectuarse. A falta de indicación del lugar de pago, se considerará el lugar de emisión del pagaré y, al mismo tiempo, como lugar del domicilio del firmante (art. 95.b LCCh).

La indicación del lugar de pago puede hacerse también mediante domiciliación, bancaria o no, ya que el art. 5 LCCh admite que el pagaré podrá ser pagadero en el domicilio de un tercero. Los pagarés de cuenta corriente y los cheques de pago domiciliado en cuenta se encuentran específicamente disciplinados a través de la Circular del Banco de España de 6 de noviembre de 1990, que los integra dentro del Sistema Nacional de Compensación Electrónica. No puede quedar inadvertido que las entidades bancarias que prestan servicios de domiciliación quedarán sometidas en sus relaciones a la normativa de la Ley de Servicios de Pago de 14 de noviembre de 2009, por quedar recogidos estos servicios dentro de su ámbito de aplicación (art. 1).

5. El nombre de la persona a quien haya de hacerse el pago o a cuya orden se haya de efectuar, esto es, la designación del beneficiario. El pagaré ha de ser emitido necesariamente en forma nominativa o a la orden, resultando nulo el pagaré emitido al portador. Al igual que la letra de cambio, el pagaré es un título naturalmente a la orden, por lo que resultará endosable, salvo prohibición expresa, a través de la inserción de la cláusula «no a la orden». Queda a salvo, no obstante, la posibilidad de circulación de un pagaré en blanco en el que no se indique la persona del tomador hasta el momento de hacerlo efectivo (art. 12 LCCh), en cuyo caso tendrá un funcionamiento similar a los títulos al portador.

6. La fecha y el lugar en que se firme el pagaré. En el caso de que no se indique el lugar de emisión del pagaré, se considerará firmado en el lugar que figure junto al nombre del firmante (art. 95.c LCCh), en cambio, sí es imprescindible el requisito de la indicación de la fecha en esta datación del pagaré. En el caso de que no se indique el lugar de emisión, no puede entenderse por tal el lugar del pago, por lo que estaríamos ante un supuesto de falta de uno de los elementos formales del documento, que implicaría la descalificación del título (STS de 9 de diciembre de 2009).

7. La firma del que emite el título, denominado firmante. Para que se repute válida la promesa de pago que contiene el pagaré se precisa la firma del promitente o su representante con poder bastante, cuestión que ha de ser expresada en la antefirma y cuyo régimen se contiene en los arts. 9 y 10 LCCh. Salvo los administradores de sociedades, que se consideran autorizados por el mero hecho de su nombramiento, el resto de los apoderados deben serlo de manera expresa, pudiéndoseles exigir la exhibición del poder. En caso de falta de éste, el falso apoderado queda vinculado a título personal.

Igual sucede con el que se excediese en sus atribuciones por la parte en que se haya excedido. Por su parte, el art. 8 LCCh, que resulta aplicable, declara el principio de la autonomía de las declaraciones cambiarias, de modo que cuando un pagaré «lleve firmas de personas incapaces de obligarse, o firmas falsas, o de personas imaginarias, o firmas que por cualquier otra razón no puedan obligar a las personas que hayan firmado la letra o a aquellas con cuyo nombre aparezca firmada, las obligaciones de los demás firmantes no dejarán por eso de ser válidas».

Finalmente, para que pueda disfrutar del carácter de pagaré, el documento deberá haber satisfecho el requisito fiscal al que hicimos referencia con anterioridad, es decir, se debe haber satisfecho el Impuesto de Transmisiones Patrimoniales y Actos Jurídicos Documentados, mediante la incorporación del timbre en aquellos supuestos que sea legalmente exigido. La normativa (art. 33 de la Ley del Impuesto) exige el pago de todos los pagarés, salvo de aquellos que estén emitidos incluyendo la cláusula «no a la orden», en cuyo caso no será necesaria la incorporación del timbre y el título producirá plenos efectos sin necesidad de satisfacer el tributo.

Cláusulas facultativas: intereses, "no a la orden", "sin gastos", cesión de la provisión

El art. 95 LCCh, en su último inciso admite la posibilidad de incluir, como cláusulas facultativas, cualesquiera menciones que se introduzcan en el pagaré y que no sean las indicadas en el artículo 94. Estas cláusulas, en principio, han de considerarse válidas, aunque no estén previstas en la propia ley, siempre que no resulten en contradicción con lo establecido en ella. En el caso de que fueran contrarias a la normativa imperativa de la LCCh, el título no perdería su valor, sino que simplemente se entenderá tal cláusula como no puesta (vitiantur sed non vitiant). Para la validez de las mismas se requiere que sean firmadas expresamente por el sujeto que las introduce, aunque resulte redundante, siendo necesario este requisito de la doble firma. Dada la disparidad de cláusulas que tienen cabida en el pagaré, serán analizadas aquí sólo algunas de las más relevantes que reciben reconocimiento por la propia LCCh.

a) Cláusula de intereses. En la medida en que el pagaré implica un aplazamiento del pago de una deuda, es normal que éste devengue un interés. Esta cláusula, regulada en el art. 6 LCCh, sólo despliega virtualidad en los títulos librados a la vista o a un plazo desde la vista, lo cual tiene su lógica puesto que en los demás casos (fecha fija o un plazo desde la fecha), existe certeza del momento en que se va a producir el pago y, por tanto, no resulta necesario introducir esta cláusula de intereses pues tales podrán ser directamente incorporados en el importe de la deuda cambiaria. En cambio, cuando la determinación del momento de exigibilidad del título depende del acreedor, puede resultar útil concederle un incentivo (propiamente el interés), por si le conviene retrasar su decisión de exigir el pago. En todo caso, el tipo de interés anual deberá indicarse en el pagaré, mención sin la cual, la cláusula se tendrá por no escrita. Salvo estipulación en contrario, los intereses devengarán desde la fecha del libramiento del pagaré hasta el momento de su presentación.

b) Cláusula «no a la orden». El pagaré puede ser librado de forma nominativa o a la orden; no obstante, su libramiento en forma nominativa no impide que éste pueda ser transmitido a través de endosos. Es por ello que la inserción de esta cláusula priva al pagaré de su condición natural de título endosable, aunque no impide la cesión ordinaria del crédito subyacente (art. 14.II LCCh).

c) Cláusula «sin gastos» o «sin protesto». A través de la incorporación de esta cláusula, regulada en el art. 56 LCCh, el firmante, endosante o sus avalistas podrán dispensar al tenedor de hacer que se levante protesto por falta de pago o falta de indicación del «visto» (en los casos de vencimiento a un plazo desde la vista) para poder ejercitar sus acciones de regreso, tanto por la vía ordinaria como ejecutiva. Para la validez de esta cláusula se requiere además que sea firmada por el sujeto que la introduce, puesto que sólo produce efectos respecto a él. Con ella, se dispensa al tenedor de acreditar mediante protesto o declaración equivalente su diligencia a la hora de intentar hacer efectivo su importe, comprometiéndose a reembolsárselo, evitando gastos inherentes a tales formalidades.

d) Cesión de la provisión. Pese a no ser frecuente, esta cláusula -regulada en el art. 69 LCCh- tiene gran transcendencia en la mecánica cambiaria. A través de su inserción, el beneficiario cede a los sucesivos tenedores del pagaré la acción derivada de su relación causal con el firmante y que dio origen a la emisión del título. Con la incorporación de esta cláusula, el beneficiario transmite con el endoso del pagaré no sólo los derechos correspondientes a la relación cartácea, sino también su posición jurídica en la relación subyacente. Para la validez de la cesión de la provisión será necesaria, obviamente y por imperativo de los arts. 1526 y ss CC, la comunicación al firmante de la cesión. Aunque no se pueda excluir su aplicabilidad al pagaré, esta cláusula tendrá un encaje más natural en la letra de cambio, la cual puede ser emitida y circular sin aceptación por parte del librado. En estos casos, con la cesión de la provisión, el tomador de la letra obtendrá, al menos, la garantía de que podrá dirigirse contra el librado sobre la base de la relación causal -y sobre la relación cartácea cuando la letra haya sido aceptada-. En las sucesivas transmisiones mediante endoso del pagaré o la letra de cambio que incorporen la cláusula de cesión de la provisión ésta no operará de forma automática como consecuencia del mismo endoso, sino que requerirá, igualmente, que la cesión sea comunicada al firmante (STS de 19 de diciembre de 1986).

Vicisitudes tras su emisión: copias, suplementos, extravío, sustracción o destrucción, alteraciones

El régimen jurídico del pagaré no admite la emisión de duplicados del título (arts. 79 a 81 LCCh) a diferencia de lo que ocurre para la letra de cambio, pero sí se prevé la posibilidad de efectuar copias del mismo (arts. 82 y 83 LCCh). Estas copias funcionan como resguardo para retirar el título original de quien lo tenga en custodia y como instrumento idóneo para recoger válidamente endosos y avales.

Así, el beneficiario o el tenedor de un pagaré podrá sacar copias del mismo (actualmente hemos de admitir también las digitales y las fotocopiadas), teniendo validez los endosos y avales que se hagan sobre las mismas como si se produjesen sobre el original.

Dado que su emisión no debe ajustarse por imperativo legal a un modelo formalizado, la utilización de suplementos en el pagaré se plantea más extraña que para la letra de cambio, limitada a las características de espacio y texto ofrecidas por el formato. En cualquier caso, la Ley reconoce 28directamente la aplicabilidad del art. 13 al pagaré, en el caso de que resulten necesarios. Así, en los casos en que la extensión de las menciones que se quieran hacer constar en el pagaré exija un espacio mayor del disponible en el documento, podrá ampliarse el soporte documental incorporando un suplemento a través de una hoja adherida en que se identifique la misma y en la que se podrá hacer constar cualquier mención que se estime pertinente como si se plasmase sobre el mismo pagaré, con la excepción de las menciones obligatorias del artículo 92, que en todo caso deberán figurar sobre el original.

Por otro lado, el hecho de la incorporación del derecho de crédito a un soporte documental con el libramiento del pagaré, como ocurre en cualquier título, puede entrañar el riesgo de extravío, sustracción o destrucción del documento que implicaría la pérdida del derecho a reclamar el mismo por la vía cambiaria. Ante esta eventualidad, el art. 84 LCCh articula un procedimiento al que puede acudir el tenedor que se ha visto desposeído del pagaré, que lo ha perdido o que ha sufrido su destrucción, para evitar que se realice el pago al sujeto que resulte ahora poseedor del documento, para que el título sea amortizado y para que se expida posteriormente un nuevo documento en el que se reconozca su titularidad. Para ello se requiere la denuncia de tal hecho por parte del desposeído, dándose audiencia al librado y a los obligados cambiarios cuya identidad se conozcan, emplazando a cualquier posible tercero tenedor a través de publicaciones en el Boletín Oficial del Estado para que se persone y pueda oponerse según convenga a su derecho. Seguidamente, se retiene judicialmente el pago del pagaré, salvo que, previa caución, el juez autorice su pago a favor del denunciante. Finalmente, en caso de que no haya oposición o sea desestimada, el juez dictará sentencia en la que se declare la amortización del título y el derecho del denunciante a cobrarlo -si ya hubiera vencido- o a exigir la expedición de un duplicado -si el pagaré no hubiera vencido aún-.

El pagaré en blanco

Las cláusulas obligatorias a las que alude el art. 94 LCCh deben estar presentes en el momento de hacer efectivos los derechos incorporados al pagaré. Mientras tanto, el pagaré puede figurar y circular con redacción incompleta. Este mecanismo puede utilizarse, por ejemplo, para hacer que el pagaré funcione como un título al portador -pese a que la ley no lo reconoce-, dejando incompleta la designación del beneficiario del documento hasta el momento en que se vaya a hacer efectivo el crédito. Igualmente, puede ser que se deje sin designar el importe del título, como de hecho ocurre en los pagarés que se libran en garantía de créditos, en los que su importe se hace constar sólo ante el caso de impago para hacer frente al cobro del remanente de la deuda y sus intereses. También puede dejarse incompleta la designación de la fecha de vencimiento. En cambio, menos frecuente resultará la no designación del lugar del pago, ya que la omisión de tal mención no permite ningún juego en la práctica que repute grandes beneficios.

Basándose en los principios de literalidad, que sólo cede ante casos de mala fe o culpa grave, el legislador admite la posibilidad de completar en momentos sucesivos los títulos en blanco, inclinándose por conceder eficacia al modo en que definitivamente quede redactado el pagaré cuando se vaya a exigir la prestación. De este modo, el pagaré sólo podrá exigirse al firmante si está completo, es decir, cuando reúna todas las menciones obligatorias fijadas en el art. 94 LCCh y, en su caso, se haya satisfecho el requisito fiscal. Por su parte, según el art. 12 LCCh, cuando el pagaré estuviera incompleto en el momento de su emisión y se completase posteriormente de forma contraria a lo acordado, el incumplimiento de tales pactos no podrá esgrimirse contra el legítimo tenedor que haya adquirido el título de buena fe y sin culpa grave, es decir, desconociendo la existencia de los mismos.