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La necesidad de adaptación de las estructuras del cheque a diversos objetivos en el uso bancario, y con una notable influencia de la práctica internacional, ha favorecido la aparición y generalización de ciertas modalidades especiales de cheque. Algunos de estos tipos de cheques han recibido reconocimiento en la normativa, otros, en cambio, continúan siendo figuras atípicas que se benefician de la posibilidad de introducir cláusulas facultativas en el cheque que modulen sus efectos, y quedan, por tanto, confiados a la regulación consuetudinaria, a las condiciones generales o a los acuerdos o convenios de las asociaciones profesionales. A continuación estudiaremos algunos de los principales tipos de cheques especiales.

Cheque cruzado

El cheque cruzado incorpora una limitación a la legitimación para su cobro. El cruzamiento del cheque es una práctica de origen inglés, que tiene por objetivo reducir el riesgo en caso de robo o extravío de cheques al portador. Para ello se trata de asegurar que la persona que lo presente sea su legítimo tenedor, lo cual se consigue a través de la necesaria intervención de un banquero o sociedad en su cobro. Con ello se consigue, igualmente, tener en todo momento conocimiento de quién fue la persona que lo cobró.

Se puede distinguir entre un cruzamiento general y un cruzamiento especial. El cheque con cruzamiento especial sólo podrá ser pagado al banco indicado expresamente en el cheque; o a un cliente suyo si éste es el mismo librado. Por su parte, en el caso de cruzamiento general, que se indica con la inclusión de los términos «y Cía.», el cheque podrá ser presentado para su cobro por cualquier banquero. En ninguno de los dos casos, sin embargo, podrá presentar el cheque para su cobro una persona física. Se añade que un banco sólo podrá adquirir cheques cruzados de sus clientes o de otro banco, no pudiendo cobrarlos por cuenta de personas distintas a éstas.

Este tipo de cheques tiene una cierta regulación en el art. 144 LCCh. Lo característico es, precisamente, que el librado no puede pagarlos más que a un banco, designado o no, o a un cliente suyo, y que los bancos no pueden cobrarlos por cuenta de otras personas, respondiendo en otro caso de los perjuicios causados hasta una suma igual al importe del cheque. Su plasmación sobre el cheque se representa a través de dos barras paralelas trazadas sobre el anverso, normalmente de forma diagonal.

Cheque para abonar en cuenta

A través del cheque que lleve la mención «para abonar en cuenta» u otra equivalente, sólo puede ser saldado por el librado mediante un asiento en su contabilidad a favor del tenedor, asiento que equivaldrá al pago. De este modo, se diferencia del cheque ordinario, que comporta un mandato de pago de numerario y que el tenedor puede pedir que se le pague en metálico. El cheque para abonar en cuenta contiene, por tanto, una prohibición de su pago en efectivo. Su creación se materializa mediante la inserción de la cláusula «para abonar en cuenta» o una expresión equivalente, mención que puede ser insertada por el librador o por el tenedor. Cualquier tachadura de la mención «para abonar en cuenta» se considera como no hecha.

De este modo, a través del cheque para abonar en cuenta, el pago se realizará mediante la consignación del importe del cheque en la cuenta corriente que tenga el tenedor. En el caso de que el tenedor no tenga abierta una cuenta corriente en el banco librado, deberá endosarlo a su banquero para que gestione el cobro.

Este tipo de cheques tiene una cierta regulación en el art. 145 LCCh, que añade a este régimen que en el caso de que el librado desatienda las especialidades de este tipo especial de cheques, deberá responder de los perjuicios que haya podido ocasionar hasta una cuantía igual al importe del título.

Cheque confirmado

Como pudimos afirmar anteriormente al analizar el libramiento del cheque, cuando en el cheque se hace constar la firma del librado indicando las expresiones de «certificación», «visado», «conforme» u otra semejante, ello significa que éste ha sido confirmado o certificado. Este acto implica que el banco afirma que dispone de fondos suficientes para hacer frente a ese cheque. Por tanto, este tipo de cheques cumple la función económica de ofrecer una garantía adicional al tenedor de que el cheque será pagado, pues los fondos necesarios para ello han sido provistos. Como puede deducirse, este tipo de cheques se emplea para articular pagos de una cierta cuantía.

La LCCh considera este tipo de cheque en el art. 110. Hay que considerar que, pese a insertar su firma en el título, la confirmación no convierte al banco en obligado al pago, sino que sólo ha de responder de la autenticidad de lo declarado al insertar su firma. Así, en el momento que certifica el cheque, el banco declara bajo su responsabilidad que en su poder hay provisión de fondos en cuantía suficiente para atender al pago, y, al mismo tiempo, de tal provisión de fondos retendrá la suma suficiente para abonar el cheque al que se ha prestado su conformidad, sin poder destinar dicha cuantía a un fin distinto hasta que transcurra el plazo correspondiente para el cobro del cheque o, en su caso, el que se haya hecho constar expresamente en el momento de indicar la conformidad. Por ello, la declaración de conformidad del cheque ha de estar fechada, en forma tal que se indique el momento en que se proveyó tal separación de fondos.

Eso no coloca al banco certificante o confirmador en la obligación personal de abonarlo si, por ejemplo, de embargo decretado por autoridad judicial o administrativa competente, se ordenara el bloqueo de la totalidad de las cantidades que a favor del librador obran en poder del librado, incluido el importe de lo que estaba destinado para atender el cheque.

Del mismo modo, la confirmación del cheque como acto del banco es irrevocable, lo cual significa que el banco no puede contradecir la afirmación y que responderá en el caso de que no haya hecho una reserva de fondos en cantidad suficiente o que no la haya mantenido durante el plazo en el cual el tenedor del título puede exigir su pago. En el caso de que el banco otorgue la conformidad sin existir fondos en la cuenta para atender el pago, se podrá destinar responsabilidad al banquero (v. STS de 15 de julio de 2008).

Cheque de banco

Hasta la promulgación de la Ley Cambiaria en 1985, en la práctica financiera española se empleaban dos términos distintos para hacer referencia a un título que recibía una sola denominación en el Código de Comercio. De este modo, se contraponían los conceptos de «cheque» que aludía a la orden de pago cuyo librador era un banco, y «talón», término con el que se hacía referencia a los mismos títulos cuando eran emitidos por particulares a cargo de los bancos. Con la Ley Cambiaria se impuso el término cheque para designar al título, ante lo cual el tráfico ha tratado de conservar la distinción, pero mutando la terminología, empleando el término de «cheque de banco» o «cheque bancario», para aludir a lo que en otro tiempo se llamaba simplemente cheque.

El cheque bancario -otrora simplemente cheque- es hoy el título emitido por un banco contra su cuenta corriente en otra entidad (normalmente, el Banco de España) o contra otra sucursal oagencia propias. A este tipo de cheques alude el art. 112.c) de la Ley al permitir que se libre un cheque contra el propio librador, siempre que el título se emita entre distintos establecimientos de éste. A sensu contrario , no podrá considerarse cheque el que emita una agencia, sucursal o sede principal contra sí misma.

La distinta condición personal del librador, desde una perspectiva jurídica, no implica diferencias del régimen jurídico de estos cheques de banco con respecto al cheque ordinario. En cambio, en los ámbitos comerciales sí que son perceptibles tales diferencias en razón de la presunta solvencia del librador de la que se deduce una seguridad de cobro prácticamente absoluta. Por ello se ha considerado que este cheque es asimilable al papel moneda y que para sumas de cierta magnitud la referencia contractual a pago en efectivo debe entenderse implícitamente referida a pago mediante este tipo de documentos.

Cuando estos cheques de banco se emiten al portador los convierte, en cierto modo, en sustitutivos del dinero efectivo, y se le añade la aludida ventaja de la seguridad en su cobro. Como tales, pueden ser utilizados como instrumento de elusión fiscal. En atención a ello, la legislación tributaria ha establecido a cargo de los bancos libradores y librados de estos títulos normas de control sobre la identidad de quienes los solicitan y presentan al cobro.

Cheque turístico

Sin contar con regulación en nuestro país, los cheques turísticos o cheques de viaje ( traveller's checks ) son títulos librados por entidades bancarias, financieras o grandes empresas turísticas, que se emplean para facilitar los pagos en un lugar distinto al de residencia del ordenante, en moneda distinta a la propia de su país, sin necesidad de emplear efectivo y con ciertas garantías para evitar los efectos perjudiciales de su posible hurto o extravío.

Pese a su nombre, es difícil considerar que se trate de auténticos cheques y, por tanto, que estén sometidos a las normas que lo disciplinan de la LCCh (aunque parte de la jurisprudencia ha considerado que se trata de un tipo especial de cheque, v. SAP Barcelona, secc. 17.a de 30 de junio de 1999). Más bien, se asemeja a un pagaré a la vista, en tanto que su naturaleza es la de la promesa -más que la de orden- de pago, aunque tampoco contenga los requisitos que la LCCh en su art. 94 exige para el pagaré.

Su creación responde, en general, al siguiente esquema: quien se dispone a viajar encarga a su banco que le facilite uno o varios cheques de esta naturaleza (normalmente varios, ya que se expiden en libros talonarios y por importes estándar), cuyo contravalor suministra previamente al emisor, al tiempo que abona la comisión correspondiente. En el momento de recibir los cheques -y en presencia de un empleado del propio banco- el tomador debe firmar en el anverso de todos y cada uno de los títulos de la remesa, sin que esta firma tenga otra finalidad que la de puro control a los efectos posteriores. Cuando el tomador quiere percibir el importe de uno o varios de los cheques que le fueron encargados o efectuar pagos por cantidad equivalente deberá cederlos firmando en el dorso del documento, con simultánea acreditación de su personalidad. Quien en estas circunstancias se hace cargo del cheque está obligado a controlar la identidad del cedente y la que debe existir entre las dos firmas que figuran en el documento (la que realizó ante el banco emisor y la que lleva a cabo en el momento de la cesión). Constatada la regularidad del proceso, se hace cargo del título para su presentación al librado, que puede ser el propio librador, otra entidad de crédito e incluso una compañía dedicada a este género de operaciones en la que no concurra la condición de entidad bancaria, pero, en todo caso, lo suficientemente conocida y prestigiosa como para no dudar de su solvencia.