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La Moral y la Ética Social ya no ponen sólo el acento en el comportamiento de los individuos (como la Moral y la Ética personales) de cara a lograr esa vida “buena, feliz, humana”. La Moral Social dirigirá la conducta humana en aras de una sociedad feliz, una sociedad justa. La Ética Social reflexionará sobre qué es lo que hace a las sociedades más justas y más felices. Esas sociedades están integradas por estructuras e instituciones que les proporcionan unos bienes que son los que favorecen el buen funcionamiento de las mismas. Para lograr esos bienes se realizan unas actividades cooperativas que llamamos prácticas o profesiones. Cada una de estas actividades cooperativas tiene “unos bienes internos” que no pueden conseguirse mediante otra actividad y que son los que le dotan de sentido. Pero, las distintas actividades también producen bienes externos (prestigio, dinero, poder…) es decir, bienes secundarios.

En la actualidad se tiende a hablar de lo privado, de la privacidad, como un logro de nuestro tiempo. Incluso algnos autores han hablado de la virtud de la privacidad y se interpreta como un signo de la impotencia que sentimos como ciudadanos al vernos excluidos de lo público mal concebido. Esto ha llevado a hablar de “declive de lo público”, y “retorno a la sociedad civil”.

La Ética Pública nace como disciplina científica en Estados Unidos en la década de los setenta del siglo XX. Según algunos autores, lo hizo dentro del ámbito de la Ciencia de la Administración y de la Ciencia Política. Se va a configurar como una rama de la Ética especial. Su ámbito de reflexión será la conducta de los seres humanos respecto de la sociedad y del Estado.

Al lado de lo social, “lo público”, “lo privado”, tenemos que hablar también de “lo profesional”. Acudiendo al término de profesión, comprobamos que tiene la misma raíz que profesar (declaración pública de una convicción). En el caso que nos ocupa nos referimos a la actividad laboral que realizamos en una sociedad determinada y dentro de una estructura o institución concreta; por lo tanto, estamos refiriéndonos a hacer una declaración pública de realizar un determinado servicio, una labor, un trabajo, que redundará en beneficio del grupo social y del resto de ciudadanos. Al hablar de Moral Profesional aludimos a los modelos de conducta que deben de servir de guía en el ejercicio de una determinada profesión. La Ética Profesional será la reflexión racional o teórica que se realiza sobre los comportamientos del ser humano en su actividad profesional.

Adela Cortina concibe la Moral Civil desde el presupuesto de la existencia de unos valores o ideales que son compartidos por los miembros de una sociedad. Al lado de la Moral Civil algunos éticos hablan de la Ética de Mínimos, refiriéndose a que llegados al momento de regular la convivencia, ello se realice observando todos los intereses implicados y respetando el mínimo de valores común a todos los intervinientes.

Moral personal y moral social

La personal establece el comportamiento de los individuos considerados aisladamente (¿qué debo hacer? ¿qué es buen?), la reflexión teleológica sobre esos comportamientos que llevan a la vida buena, feliz y humana.

El objetivo de la moral social es dirigir la conducta humana en aras de una sociedad feliz, una sociedad justa. La ética social reflexionará sobre qué es lo que hace a las sociedades más justas y más felices.

Ahora bien, la sociedad no es la suma de individuos sino que debe contemplarse como una compleja red de estructuras e instituciones que nacen de las interacciones de los individuos y grupos. Las estructuras e instituciones sociales proporcionan unos bienes a la sociedad que son los que legitiman la existencia de aquellas. Para lograr esos bienes se realizan unas actividades cooperativas que llamamos prácticas.

Constituyen profesiones, así la profesión es una práctica y cada institución produce bienes que le corresponden dentro de las sociedades a través del ejercicio de una serie de práctica/profesiones (medicina, abogacía judicatura, ...). Cada actividad tiene unos bienes que no pueden conseguirse de otro modo (la medicina cura, la universidad enseña, la judicatura imparte justicia, ...). Todo ello conformando unos bienes internos.

También producen bienes externos (prestigio, dinero, poder, ...), es decir bienes secundarios. Cuando priman los secundarios frente los internos aparece la corrupción.Entonces, cuando planteamos la moral de una organización determinada, es decir la moralidad de la actuación de una entidad, debe considerarse lo siguiente:

  • Determinar el bien interno.
  • Establecer los medios adecuados y necesarios para producir el bien y cuáles son los valores que están en juego.
  • Determinar los hábitos-costumbres-cultura que debe adquirir esa organización y sus miembros para incorporar los valores y forjar un carácter que permita tomar decisiones adecuadas en conformidad con fin.

Diferencias y semejanzas de la moral personal y la moral social

La organización también responde libremente ante una situación, elige lo mejor entre alternativas, asume identidad desde la elección realizada y es responsable por la elección tomada. Todo ello desde el reconocimiento de las tradiciones culturales y morales en las que todos estamos insertos, tanto individuos como organizaciones. Así, desde este planteamiento se presenta una propuesta de moral profesional basada en una doble vertiente: hacia el interior y hacia el exterior.

La gran diferencia entre ambas morales se encuentra en que mientras los individuos, en principio, son autónomos en su comportamiento y en sus elecciones, las instituciones y organizaciones están integradas por una pluralidad de ellos y pesa en exceso el poder de la autoridad y el comportamiento colectivo del ente. Es decir, existe menos autonomía de actuación y una mayor influencia del entorno profesional, coincidiendo con una pérdida de la conciencia individual (surge aquí el embrión de lo inmoral y lo corrupto).

Por el lado de “lo social” se habla también de “lo público”, y “lo público” tiene un ámbito distinto, pero también es distinto de lo personal o de lo privado.

Lo privado frente a lo público: ética pública

El mundo privado se ha convertido en le refugio de los individuos que les permite apartarse de la vida política, los vicios de lo público producen un alejamiento de los particulares y les impide una auténtica participación. Hablamos del declive público, declive que, cuando lo público se identifica con el Estado y su declive es percibido como positivo, recibe el nombre de retorno a la sociedad civil. Expresión ambigua que representa el ámbito de lo que no es político, lo civil. Sociedad civil sería, por tanto, la parte de sociedad no “afectada ni infectada” por la intervención político-estatal, lo público, o por lo menos, donde esto tiene poca influencia.

El nuevo paradigma de lo político (lo público), entendido como sociedad civil, se caracteriza por tres rasgos: su negatividad (sin abonarse a ideas concretas de sociedad, se critica), su fragmentarismo (ya no es un único sujeto, hay diversificación, diversificación de la protesta social) y la idea de disenso (antítesis del consenso producto del fragmentarismo y de la negatividad).

Así caracterizado, este nuevo paradigma se ha identificado como el “paradigma de la política no-institucional”. Desde estos parámetros se puede defender que el ámbito de lo público abarcaría, en la actualidad, “la sociedad-civil no-institucionalizada, las instituciones jurídico-administrativas y la política institucional propiamente dicha”. La actividad el Estado se proyecta sobre los dos últimos ámbitos.Surge el interrogante de si ¿sólo es susceptible de reflexión ética el tramo de la sociedad civil no-institucionalizada (actuación individual) mientras que el resto de actuación estatal debe ser considerada ajena al campo ético?

Respondiendo esta pregunta, el profesor Muguerza, distingue entre ética personal (moral individual), ética interpersonal (moral que regula las relaciones sociales de la sociedad civil) y ética impersonal (reflexiona sobre la moral reguladora de las relaciones sociales que surgen en el plano político-institucional). Esta última se identifica como la moral pública que el Estado debe promocionar para fomentar la democratización de la sociedad. Por tanto, la actuación estatal referida no queda ajena al campo ético sino que cae bajo su reflexión.

En base a esta ética pública se encuentra la moral individual, admitiendo que el individuo es un ser que se relaciona dentro de la comunidad. Todos los ciudadanos son individuos morales. Este individualismo ético procuraría la confluencia de la sociedad civil y de la sociedad política. Así, tanto la sociedad civil como la política están constituidas por individuos (seres humanos y ciudadanos). Se trata de aproximar a ambos, el ser humano y el ciudadano, puesto que ambos son individuos morales. Sociedad civil y sociedad política confluyen en sus propios miembros: seres humanos que son ciudadano y, ambos, sujetos morales.

Algunos autores, centrados en la Administración Pública, hablas de tres perspectivas desde las que ser contemplada: actividad social (persigue un bien público), aspecto organizativo (agrupación humana integrada por especialistas con actividad común) y cultura organizacional (comunidad que interactúa y desarrolla relaciones humanas).

Ética pública

Las funciones públicas tienen su razón de ser en el servicio del interés general. Este deber puede basarse en la Ética general o en la particular. La mayor parte de la doctrina alude a la ética pública. Los que ostentan responsabilidades públicas deben ser conscientes en su esfera íntima de que la fuente de su poder reside en la confianza ciudadana. Se postula la necesidad de forja un entorno ético-público (sin corrupción) donde el servicio a la comunidad constituya el principal fundamente de la actuación cotidiana de los poderes públicos.

Sus contenidos son diversos: conducta de los funcionarios públicos, problemática de los secretos oficiales, abuso de poder, nepotismo, financiación de partidos, ...

Ética profesional

Al lado de lo social, lo público, lo privado, tenemos también de lo profesional. Nos referimos a la actividad laboral que realizamos en una sociedad determinada y dentro de una estructura o institución concreta. Realizar un determinado servicio que redunde en beneficio del grupo social. Se renuncia a intereses personales par ponerse al servicio de los intereses de su profesión (de ahí que muchas profesiones inician con el juramente de someterse a los principios/códigos de su profesión). Un compromiso de hacer las cosas bien.

Se dice que existen tres actitudes negativas ante el trabajo: olvidar su dimensión creadora (pensar que es mero trámite para obtener recursos necesarios para vivir), la pereza (pocas ganas de trabajar que llevan al descuido y mala realización) y concentrar todas las energías en el trabajo (descuidando la esfera personal).Con mayor incidencia de todo lo dicho si nuestra profesión es de función pública puesto que un funcionario es “de” y “para” la sociedad y a ésta compete velar de mara más respetuosa por el ejercicio moral de esta función o profesión.

Moral civil y ética de mínimos

La moral civil según Laín Entralgo es cualesquiera que sean nuestras creencias últimas debe obligarnos a colaborar lealmente en la perfección de los grupos sociales a los que de tejas para abajo pertenezcamos: una entidad profesional, una ciudad, una nación, ....

Sin consenso tácito entre los ciudadanos acerca de lo que sea esencialmente esa perfección, la moral civil no parece posible. Así que presupone la existencia de unos valores o ideales compartidos y, de ese modo, los individuos se darán cuenta que con normas previamente consensuadas se proporcionan más ventajas que con el aislamiento individualista.

Esto conlleva tres peligros importantes: quedar limitado a un pacto estratégico (debe entenderse como concordia no como estrategia), quedar limitado a un mero procedimiento formal (no debe ser identificado como la regla de las mayorías sin más sino de todos) y quedar limitada a la dimensión moral del ser humano con las normas legitimadas por consenso (ideales y valores que merezcan empeñar la vida).

Junto a esta moral algunos filosóficos hablan de Ética de mínimos, refiriéndose al momento en que se van a dar normas de convivencia para una sociedad para que se tengan en cuenta los intereses de todos los afectados en posición de igualdad y no se limiten a los pactos fácticos, previamente manipulados. Es decir, que cuando se regule la convivencia se realice observando todos los intereses implicados y respetando el mínimo de valores común a todos los intervinientes.